
Una mirada compartida, desde el espacio donde se asienta el alma
La vida es sueño, y doy fe, pero eso no significa que no vivamos, que no disfrutemos, que no nos sumerjamos en ella…
Cierto que está hecha del tejido de los sueños, pero, justamente eso, nos permite elegir cómo hilamos, desde dónde tejemos, hacia dónde miramos. Y desde el vibrante corazón despierto, el que está conectado con todo y con todos, ese sueño puede llegar a ser la mayor bendición, el mayor gozo y plenitud
No olvidemos el privilegio de estar aquí, en el mundo de la forma, de poder entrelazar y tejer, con hilos de amor aquello que es prioritario, lo que es verdadero, lo que reconocemos desde lo profundo como aquello que “ES”
Y al tiempo, esos planetas, esos sistemas con estrellas y luces brillantes y lejanas, que miramos embelesados, se encuentran en verdad dentro de nosotros. Mirando al cielo vemos la proyección de una película cuyo proyector está en nuestro interior
Siempre adentro…
Todo adentro…
Y mirando afuera, buscando, para encontrarnos, una vez más
Siempre fuimos nosotros a quienes buscamos, lo supremo en nosotros, lo terrenal en nosotros, lo galáctico en nosotros
Y cualquier brújula que nos lleve de vuelta a ese recuerdo es, no sólo bienvenida, sino un profundo e invaluable regalo del cielo

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